Transcripción resumida de la exposición de Josep Marc Laporta —psicólogo social y coach— en el magazine matinal radiofónico de Radio Arena, emitido semanalmente durante los últimos cuatro años. Consultas y conferencias: jmlfcoach@hotmail.com

· Las redes sociales

Sin duda, los seres humanos necesitamos comunicarnos: es una de las características que definen a los seres vivos, así como la tendencia a formar grupos sociales de intereses y características similares. Por lo general, la comunicación va unida a la formación de grupos, tal y como explica la relación etimológica entre las palabras communis, comunitas y communicare. Pero la comunicación entre los seres humanos, a diferencia de las abejas, por ejemplo, es mucho más sutil, porque el lenguaje hablado y, en especial, el escrito hacen del hombre y de la mujer un ser sociable por naturaleza y con una mayor capacidad de interrelación.

En el presente, la aparición de Internet ha revolucionado la sociedad, al crear los llamados ciberespacios y comunidades virtuales. Un nuevo concepto de ‘ubicuidad’ ha transformado los hábitos de nuestra vida cotidiana y, sobre todo, ha forjado nuevas formas de comunicación. En realidad, de los servicios que ofrece Internet, el correo electrónico es el medio más utilizado, con un porcentaje que alcanza el 85%. Pero además del correo electrónico, la posibilidad de conversar en directo por la red a través de la IM (mensajería instantánea, Instant Messaging), de los canales de las redes IRC (Internet Relay Chat), los chats web y los productos DCC (Direct Computer Connection), aunque en comparación constituyan un porcentaje pequeño respecto a la comunicación asíncrona, ha provocado nuevos modos de interacción social.

Redes sociales como Facebook, Myspace, Tuenti, Hi5, Twitter, Xing, Second life, etc, son medios habituales de comunicación comunitaria, con millones de personas, adolescentes, jóvenes y adultos conectados las 24 horas del día. Es un mundo lleno de posibilidades de relación, al que se accede de manera rápida y sencilla, sólo es necesario sentarse delante del ordenador y empezar a navegar. Internet es, por antonomasia, la forma de comunicación del siglo XXI.

Las relaciones por Internet, con los ciberespacios, las comunidades virtuales, las páginas de contactos y los chats, son espacios virtuales donde prácticamente siempre se establecen conversaciones con auténticos desconocidos, pero con una franqueza y cordialidad sorprendentes. Nunca antes las relaciones humanas habían estado tan libres e independientes. Nunca antes en tan sólo un clic de ratón se podía contactar tan fácilmente con tantos semejantes. Nunca antes había sido posible conversar con dos o tres personas a la vez y, al mismo tiempo, establecer ciertos lazos afectivos. Sin duda, las redes sociales han multiplicado por mil las posibilidades de relación, de amistad y, también, de enamoramiento.

El anonimato análogo, con dos sujetos desconocidos entre sí, sentados delante de un teclado, frente a una pantalla y con una misma visión de lo que ambos escriben, genera y refuerza una cierta complicidad que invita a expresarse con libertad desinhibida. Es un silencio de teclas y miradas sin verse, con muecas de sonrisa y dedos expresivos que se desnudan esperando alguna comprensión y afectos anónimos. En realidad, es la desinhibición de algunos sentimientos y afectos, buscando pasar un buen rato y, si se tercia, mejores complicidades. El secreto de las redes sociales reside en ello.

Es por ello que Internet ha facilitado nuevas formas sociales que introducen cuatro modificaciones radicales en los tipos de redes de interacción social existentes hasta ahora:
1- Enormidad. La vasta magnitud de nuestras redes y del número de personas a las que se puede llegar.
2- Comunalidad. Un centro neurálgico en el que podemos compartir información y contribuir a esfuerzos colectivos.
3- Especifidad. Un impresionante incremento en la particularidad de los vínculos que podemos formar.
4- Virtualidad. La capacidad de asumir entidades virtuales.

Este nuevo mundo virtual, al que todos estamos tan acostumbrados y adaptados, provoca nuevas situaciones de relación personal en las que, como en el mundo real, pueden anidar excesos y defectos. Como en todo en la vida, existen peligros; no obstante, en el mundo virtual sí que es necesario tener en cuenta algunos conceptos para saber navegar con éxito.

A tener en cuenta en la redes sociales

* Las redes sociales son parte intrínseca de la sociedad actual. Por lo general, no es necesario preocuparse excesivamente si los hijos pasan bastante tiempo en Facebook, en Tuenti o en cualquier centro virtual. Más bien sería preocupante que no lo hicieran. El medio social de comunicación que se está imponiendo como el más popular en este siglo es Internet, con sus redes sociales. Es propio utilizarlas desde la infancia tardía y la adolescencia, así como en otras etapas de la vida, como en la ancianidad.
* Evitar el catastrofismo. El uso de Internet por parte de malas personas, locos, terroristas, fundamentalistas, pederastas o asesinos, no es imputable a la propia red ni a los portales o productos que esas personas utilicen para cometer sus delitos. Por lo tanto, evitar el catastrofismo es recomendable para utilizar el medio de una manera apropiada.
* Conocer las redes sociales para utilizarlas convenientemente. Cada aspecto de la vida social ha de conocerse para sacar un correcto beneficio y una buena utilidad. Con respecto a las redes sociales, es importante observarlas inicialmente y previamente, para utilizarlas posteriormente. Es decir, conocerlas precedentemente para dominarlas, sin participar plenamente. Seguidamente, sabiendo cómo son e informados de los riesgos y ventajas que implica, utilizarlas colmadamente.
* Leer y respetar las condiciones del servicio. Tuenti recomienda en la letra pequeña de su servicio que los adolescentes entre 14 y 18 años tengan el consentimiento de sus padres para acceder al servicio. Facebook autoriza su uso a los estudiantes de entre 13 y 18 años de edad que aún estén cursando estudios en la escuela secundaria.
* Configurar cuidadosamente las opciones de privacidad de los datos personales. Antes de añadir amigos o chatear, es prioritario tener en cuenta las posibilidades de privacidad para que la red no tenga tanta potestad sobre nuestra individualidad y anonimato. Es importante reservar la identidad y no poner excesiva información propia en la red, porque el anonimato es similar a ir con un pasamontañas por la red.
* Escoger bien a qué personas aceptamos como amigos. Uno de los mayores lujos y placeres que podemos tener en la vida es escoger los amigos. Por lo tanto, antes de incluir a amigos en nuestras listas personales es aconsejable tener cuidado sobre la idoneidad o no.
* Evitar las conductas de riesgo y reservar la intimidad. Conversaciones de índole sexual, la publicación de fotografías íntimas, la revelación de datos de contacto a desconocidos o encuentros personales con personas sólo conocidas en la red, pueden ser conductas de riesgo que podrían llevarnos a situaciones no deseables.
* No escribir en una red lo que no se escribiría en una postal. Para navegar y relacionarse de manera saludable por la red, esta sugerencia puede ser un buen lema. Lo que escribimos puede ser leído e interpretado de muchísimas maneras; por lo tanto es conveniente escribir con una actitud preventiva.
* El anonimato de la red y la relación individual ante la pantalla, puede provocar la pérdida de criterio de referencia. Esto significa que podemos quitar barreras de prevención y criterios sobre qué es lo adecuado o no, perdiendo el criterio de selección, incrementando la incidencia de las situaciones de riesgo.
* Si no dejaríamos a un menor solo en medio de una gran ciudad de noche, no deberíamos dejar solo a un menor de edad en medio de la gran ciudad del mundo virtual. Internet puede ser una gran ciudad en plena noche para un niño, que por su edad y proceso de aprendizaje social se comporta muy inocentemente ante las nuevas sensaciones que le ofrece la sociedad। La tutela es imprescindible, ya sea presencialmente, por medio de programas de control de padres u otros dispositivos disuasorios.
©2010 Josep Marc Laporta
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