Transcripción resumida de la exposición de Josep Marc Laporta —psicólogo social y coach— en el magazine matinal radiofónico de Radio Arena, emitido semanalmente durante los últimos cuatro años. Info: jmlfcoach@hotmail.com

· La soberbia o prepotencia

La soberbia consiste en concederse más méritos de los que uno tiene. Es la trampa del amor propio: estimarse muy por encima de lo que uno vale. La soberbia es la pasión desenfrenada sobre sí mismo. Es un apetito desordenado de la persona que descansa sobre la hipertrofia de la propia excelencia. Es fuente y origen de muchos males de la conducta y es ante todo una actitud que consiste en adorarse a sí mismo. Sus notas más características son la prepotencia, la presunción, la jactancia, la vanagloria, en definitiva, estar por encima de todos los que le rodean. Es un juicio deformado de sí en positivo, que arrastra a sentirse el centro de todo y lo convierte en un entusiasmo que, en realidad, es idolatría personal.

Existen dos tipos de soberbia; una que es vivida como pasión, que comporta un afecto excesivo, vehemente, ardoroso, que es tan intenso, que incluso nubla la razón y la puede anular. El otro tipo de soberbia es más un sentimiento de superioridad controlado que actúa con tiento ante cada circunstancia. Pero ambas son altanería y prepotencia, que en ciertos momentos se manifestará de una manera más dominadora, según los acontecimientos y los escenarios, y en otras actuará más comedidamente.

La soberbia es intelectual y cerebral, y emerge en una persona que tiene una cierta superioridad en algún plano destacado de la vida, que ha destacado en alguna faceta social o profesional y que se ha instalado en esa actitud bajo una percepción muy condescendiente de sí mismo. El soberbio es, sin duda, orgulloso y vanidoso. Y aunque el orgullo es más emocional que intelectual o cerebral, esa alta opinión de uno mismo aviva la vanidad, fortaleciendo la soberbia.

Cabe destacar que mientras el orgullo es un excesivo amor a uno mismo por méritos propios, la soberbia es una actitud concéntrica y egocéntrica, con falta de humildad, con un apetito desordenado del propio ego e imponiéndose sin misericordia hacia los demás en un desmedido narcisismo y superioridad. En realidad, la soberbia es un maquillaje. Detrás de la soberbia también hay miedo. Miedo de no ser bueno. Miedo de no ser suficiente. Miedo de no ser capaz, con una necesidad enfermiza de reconocimiento de su valía y una autocontemplación. Muchas veces, la mejor manera de maquillar el miedo es aparentando ser todo lo contrario, y por eso el soberbio ataca continuamente, puesto que para algunos la mejor defensa es un ataque. No olvidemos que todo sentimiento de culpa hace bajar la autoestima.

Generalmente, la soberbia y la prepotencia afloran en el hombre y la mujer a raíz de tres indicios ambientales, familiares y sociales:

El primero tiene que ver con una familia de condición social y cultural alta, donde los elementos de estudio, conocimiento y proyección general de vida marcan el progreso y proceso del niño. Es el tipo de familia bien, en la que los hijos tienen todas las posibilidades de estudiar una o varias carreras y pueden dedicar todos sus esfuerzos a prepararse en las mejores escuelas e universidades. Esta condición social y cultural puede impulsar en la adultez una actitud soberbia y prepotente hacia su entorno, pese a que en el fondo exista temor y desasosiego.

El segundo se gesta en una persona que proviene de una baja condición social, pero que se ha hecho a si mismo a través de un persistente esfuerzo y ha conseguido subir peldaños en la vida destacando en alguna disciplina académica o social. Al llegar a ser alguien desde la nada o al conseguir algo por méritos propios, cree o supone que es un ser superior a los que no han podido alcanzar su nivel. Este proceso de superación personal y social puede dar origen a actitudes de soberbia y altanería.

Y el tercero proviene de los sentimientos de culpa que se gestan en la infancia, impulsados por actitudes paternales displicentes. El déficit afectivo o una educación excesivamente permisiva o restrictiva son elementos a tener en cuenta en la aparición de la soberbia en el futuro adulto. Por lo general, la prepotencia es inversamente proporcional a las carencias. La falta de afectos bien ordenados y expresados acostumbra a desequilibrar la personalidad.

En todos, el soberbio actúa en detrimento de alguien, mostrándose muy seguro de sí mismo, aunque en realidad pudiera no estarlo tanto. En realidad, ser altivo es una forma de humillar, demostrando que se está por encima, intentando someter al prójimo para pavonearse y vanagloriarse a expensas de los demás.

¿Se puede dejar de ser soberbio? La respuesta no puede ser determinante, porque cada persona tiene su propia particularidad, pero sí que podemos establecer algunas pautas orientativas.

Reconociendo al soberbio y ayudándole

* Quien por hábito no reconoce sus errores, es una persona soberbia o prepotente. Para reconocer si alguien es soberbio o prepotente se puede realizar un pequeño examen personal en cuanto a si curricularmente se es capaz de reconocer los propios errores o no। Normalmente, el soberbio no se rebaja a reconocer sus propios fallos, sino que los obvia, los silencia o los disimula। En realidad, la humildad está en el lado opuesto de la soberbia; es por ello que una persona que por sistema no reconoce sus errores se le puede calificar como soberbia। También a la inversa, una persona que acostumbra a reconocer sus fallos no es una persona que entre dentro del perfil prepotente o altanero।

* Recordar que el soberbio vive detrás de un maquillaje, que sólo es una persona con miedo, tratando de sobrevivir y ser querida. Cuando estemos con él debemos recordarnos constantemente que se trata de un maquillaje y que necesita sentirse querido, y que, pese a su fachada, detrás hay una persona que grita clemencia, que no tiene capacidad para la autocrítica porque no ha podido o no avanzado en su desarrollo psíquico. En realidad, no se conoce bien a sí mismo, porque tiene una parte débil que no acepta, como tampoco acepta la responsabilidad de sus errores porque se siente culpable de no llegar a de ser perfecto. Para socorrer a un soberbio no deberíamos olvidar que todo sentimiento de culpa hace bajar la autoestima.
* Para ayudarlo, escribir al soberbio una carta anónima y personal (tan personal que él mismo se pueda reconocer y tan anónima que nunca pueda saber quien la remitió), ponerla en un sobre con su nombre y dejarla en algún lugar adecuado que con seguridad esté a su alcance, teniendo la certeza de que la cogerá y la leerá. El contenido de la carta expresará de manera elegante, correcta, sin faltarle al respeto y de manera muy directa el alcance de su actitud prepotente y altanera, especificando que su conducta está afectando dolorosamente a otras personas y, por ende, también a él mismo, ofuscándole y llevándolo por caminos nada provechosos. Evidentemente, el afectado leerá la carta, pero nunca sabrá quien la escribió, lo que le causará un impacto emocional, al mismo tiempo que sentirá que esa voz anónima le estará hablando en nombre de muchas personas. Es posible que después de leída, la rompa y la tire, pero el contenido de la carta permanecerá en su mente en una perdurable reflexión. Con el tiempo, hará su efecto.
Ésta es una de las pocas maneras prácticas y efectivas que existe para ayudar a una persona marcada por la soberbia y la prepotencia.
* Una gran dosis de amor y ecuanimidad es vital para comprender y ayudar al soberbio. Sólo el amor puede cambiar el corazón de una persona। Cuando hay madurez, uno sabe relativizar la propia importancia y ni se hunde en los defectos ni se exalta en los logros। Por tanto, en la madurez habita el amor necesario para comprender y ayudar al soberbio।

©2010 Josep Marc Laporta

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