Transcripción resumida de la exposición de Josep Marc Laporta —psicólogo social y coach— en el magazine matinal radiofónico de Radio Arena, emitido semanalmente durante los últimos cuatro años. Info: jmlfcoach@hotmail.com

· Aprender a decir ‘no’


Diariamente, muchas personas tienen grandes dificultades para decir ‘no’. En el día a día, es fácil encontrarnos con individuos que no saben decir ‘no’; posiblemente nosotros mismos. Ya sea por compromiso, por falta de seguridad, por complacer, por la búsqueda de aprobación o por vacilación, pronunciar un ‘sí’ resulta ser el camino más fácil, cuando lo que se piensa y lo que conviene es todo lo contrario.

Cuesta aprender a decir ‘no’, pese a que la realidad lo imponga imperiosamente. Para algunas personas es una auténtica lucha saber que deben cortar por lo sano, declinando una oferta, y no poder hacerlo. Lo peor es que esta situación les lleva a sentirse culpables y a no saber cómo afrontar las futuras complicaciones, fruto de la decisión negativa. No saber decir ‘no’ supone entrar en un círculo vicioso del que resulta difícil escapar. Cada vez nos comprometemos a hacer más cosas: en el trabajo, en casa, en nuestro círculo de amistades, etc., y todo ello nos provoca un alto grado de estrés innecesario, porque no sabemos decir ‘no’ a tiempo.

Pero, curiosamente, el ‘no’ aparece en la vida de una persona en una edad muy temprana. Existen dos etapas en las que esa palabra se pronuncia con decisión y determinación. A los dos o tres años es la edad cuando el niño empieza a crear su propia voluntad y a hacer valer su autonomía con respecto a la de los padres. El niño empieza a decir ‘no’ para probar su capacidad de decisión y comenzar a indagar una primaria independencia y emancipación.

En la adolescencia se da una nueva situación: la oposición con respecto al entorno. A partir de los 12 años dejamos de ser niños y empieza el cambio que nos convierte en adultos. Es el momento en que se delimita la personalidad con respecto a los padres y la familia, y el ‘no’ aparece como símbolo de afirmación de la propia personalidad. Diferenciarse de los adultos lleva a un constante ‘no’. Pero es interesante observar que cuando están con los amigos, con los iguales, huyen de decir ‘no’ por miedo a sentirse excluidos del grupo o sentirse menos.

Las personas que no acostumbran a decir ‘no’ son personas negafóbicas. En realidad, tienen un inmenso deseo de sentirse amadas, son adictas al agradecimiento, buscan la aprobación, tienen miedo a perder la simpatía de los otros, le da mucho miedo los conflictos, no son capaces de hacer frente a las presiones de los otros, son personas inseguras y se sienten obligadas a hacer favores. Por lo tanto, el ‘no’ está lejos de su léxico. A veces obvian decir ‘no’ porque posiblemente la otra persona es violenta, así que deciden no entrar en guerra y solucionar el problema asintiendo dócilmente.

En la cultura japonesa, decir directa y claramente ‘no’ se considera de mal gusto. El pueblo japonés intenta no incomodar y herir al otro. Todas las contestaciones tienen pequeños rodeos para obviar el ‘no’. Por ejemplo, cuando al recibir un ofrecimiento para salir a tomar algo quieren declinar la invitación, dicen algo así como ‘hoy me va un poco inconveniente’. Un subterfugio para no enfrentar la realidad y asumir una decisión conveniente.

No obstante, el ‘no’ puede ser mucho más constructivo que un ‘sí’. A tiempo y en su momento, decir ‘no’ tiene más ventajas y puede abrir más puertas que un ‘sí’. Decir ‘sí’ a todo es un signo de conformidad y temor que puede llevar a situaciones desagradables.

Aprendiendo a decir ‘no’

* Educar a los niños sin nuestro ‘no’ constante. No decir ‘no’ a todo, sino educar para que ellos escojan, utilizando el ‘sí’ o el ‘no’ de manera correcta. La típica frase que incluye el ‘no’ ante un leve peligro infantil, no es la mejor manera de enseñar a ser realistas y a actuar consecuentemente. Desde pequeños se puede aprender cuando decir ‘sí’ o cuando decir ‘no’, lo que ayudará a que en el futuro, de mayores, sepan enfrentarse a cada decisión con más entereza.
* Ser asertivos. La asertividad es decir las cosas tal y como son, sin enfadarnos ni provocar। Cuando decimos ‘no’ a algo no estamos diciendo ‘no’ a la persona, sino a una información que ésta nos da. El ‘no’ no nos define, define una acción.
* Optar por el ‘no’ que nos posiciona personalmente y no recrimina e incrimina al otro. El ‘no’ saludable es el que nos sitúa en nuestra verdad, sin implicarnos ofensivamente ni crear una disputa. Hemos de decir ‘no’ desde el yo, sin juzgar al otro.
* Decir ‘no’ sin rodeos y sin dar más vueltas. Para entrenarnos a decir ‘no’ lo mejor es no justificarnos ni dar explicaciones del por qué. Es más fácil decir un ‘no’ escueto, contundente y sin más detalles. Será un pequeño paso mucho más sencillo que apoyarnos en aclaraciones y disertaciones que nos hará entrar en sensaciones de temor y desasosiego.
* Decir ‘no’ o ‘sí’ conlleva ganar algo y perder lo otro. Ya sea con el ‘sí’ o con el ‘no’, siempre habrá ventajas y desventajas. Diciendo siempre ‘sí’ no ganaremos más, pues el ganar o perder no va implícito con el ‘sí’ o con el ‘no’. Cuando decimos ‘sí’, ganamos algo y perdemos algo; asimismo con el ‘no’. Optar por una de ellas es una cuestión de balance y decisión ponderada.
* La dignidad crece con la habilidad de decir ‘no’, incluso con uno mismo. Decir ‘no’ cuando conviene y sin dilación nos hace más dignos y capaces para ser nosotros mismos, sin dependencias externas nocivas.
* No acoplarnos al pensamiento de la mayoría. Tendemos a adaptarnos a todo lo que opina la mayoría, y acostumbramos a creer que lo que esa mayoría silenciosa piensa es la verdad. El ‘no’ es ir a contracorriente, a no ser que el ‘no’ sea lo normal.
* Las personas con mayor autoestima tienen mejor capacidad de ser coherentes consigo mismo. Sin una buena autoestima, es más difícil decir ‘no’ cuando conviene. Para crecer en autoestima es útil practicar un deporte. Con el ejercicio aumentamos la fuerza de voluntad, el autocontrol, disminuimos la ansiedad, el estrés y la agresividad, y a la larga aumentará la creatividad, la seguridad, ayudando a la memoria, generando un bienestar emocional que proporcionará una mayor autoestima.
* Aprender a decir ‘no’ nos hará más libres. Una persona que se acopla constantemente y no sabe decir ‘no’ nunca, es una persona encadenada. Optar por el ‘no’ o el ‘sí’ es parte importante de la libertad de escoger.
* El ‘no’ puede ser más constructivo que un ‘sí’. No siempre un ‘sí’ significa positivo, ni el ‘no’ negativo. Muchas veces los papeles están cambiados, y deberemos optar por el monosílabo mejor para nuestro beneficio.
* Decir ‘no’ o ‘sí’ es decidir, y decidir siempre tiene un precio. En cada momento de nuestra vida estamos decidiendo, optando por un camino u otro. Las personas que se habitúan a decidir constantemente saben que optar por cualquier decisión siempre hay un precio por pagar. Es muy saludable tomar decisiones con el precio correspondiente: nos hará más libres y capaces en la vida.

©2010 Josep Marc Laporta

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3 comentarios:

  1. De mucha ayuda. gracias

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  2. cuesta mucho decir no. para algunos es muy jodido. pero el articulo esta bien para empesar

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  3. a veces no se puede decir no tan facilmente. otras ni se puede decir. lo mas fácil es informar de lo que pensamos , antes de que sea tarde

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